Todo cambia.....

30 ene. 2016



Toda esta obsesión recrudeció cuando perdi los sillones y el resto de la planta baja de la casa, para consentir los caprichos de una bretona de profundos ojos claros. Entonces no sabía lo que sé ahora de mi. Dejo avanzar gente y animales, no defiendo mi castillo.... no ocupo mi lugar dentro de ese castillo......Pague horas de psicóloga para enterarme por Lupe, la entrenadora de perros....A los 44 años, en la playa....y por un amigo ex pizzero,  quien con mucha diplomacia  me enseñó que a veces es mejor no contestar rápido, tambien puedo decir "dejame pensarlo"....y refunfuñar un "No", con algun adjetivo calificativo, o un microrelato explicativo sobre la razón de mi aguda reflexión, by celular por mensaje de texto. Antes de este sabiondo retiro espiritual de feria de verano en el trabajo, me comporté como una desequilibrada. Empecé a comprar mecedoras compulsivamente, muy cálidas bien nórdicas o demasiado modernas. Cambie de lugar, varias veces todo lo que quedaba de los muebles. Compré más libros que nunca. Una especie de puff de rattan que no pega con nada, un corazon de lana color lila, y finalmente toque fondo cuando se me empezó a caer la baba y se me dieron vuelta los ojos de codicia cuando entré a un negocio en MDQ, y vi una tabla vieja de lavar la ropa, transformada en un objeto único, con una intervención no menor a las de Milo Lockett en las sábanas de Arredo.....como accesorio de cocina, con pajaritos llenos de color, un estante y mil ganchos para colgar repasadores (ojo Amelia me habia dicho que necesitabamos algo para colgar repasadores y evitar que Margarita se los robara). Si, claro, la compre. Ah también me traje una reposera para tomar sol en el patio que construi con ayuda de mi hermana, y un juego de sábanas precioso ( porque Amelia - kalinda, insistía con lo de la falta de sabanas desde que Marcelo se fue. Ella cree que el se llevo algunas).

Apenas atravese la puerta de casa, colgué desesperada la tabla con el estantecito y busqué repasadores de los más lindos, planté la reposera en el patio, hice mi cama con el juego de sábanas nuevo, y perfumé todo el lugar con una fragancia que adquirí en una conocida casa de ropa. Ahí nomás, me di cuenta, que el efecto, "droga alucinógena", pegaba fuerte, pero se iba rápido. Constaté que la tragedia volvía a su lugar en mi cuerpo. Y el lóbulo frontal arrancaba de nuevo para recordarme, que tengo una caldera rota, y quedé en comprarla ahora en el verano, con la idea de que sale más barata y tener calefacción en invierno. Tengo que pensar sobre el abono del garage debajo de plaza lavalle y moverme todos los días al centro con la camioneta. Abaratar costos....Castrar a Margarita, pagar la operación, pagar el prequirúrgico por sus problemas de corazón a un grande de la cardiología perruna. Soñar con que Agus no tiene más epilepsia, ni un quiste de 4 cm en el ovario....

Que todo eso es tan posible como la tabla de lavar ropa colgada en la pared de mi cocina, con la bolsa de pan sobre un extremo para que se vea bien la pintura de los pájaros de colores y lo último que escribió quien me la vendió, en el minúsculo pizarrón que hay en el centro : pan, huevos, harina y un corazón...como el que acaba de estremecérseme para confirmar que la frivolidad es demasiado fugaz como entretenimiento......no para todos....solo para mi.

Eso si, les conté lo de la reposera no ? Ahora estoy desparramada ahí leyendo un clásico de Ana María Shua : "Los amores de Laurita". Ya no me acuerdo de que les hablaba.....pero ahora sé con toda exactitud que si leen la revista "Hola" y una pareja de años abre las puertas de su estancia en Córdoba es la previa a la separación.......


Cuentos de Hadas suburbanas . Todos los derechos reservados. © /Desarrollo: Maira Gall / Ilustraciones: Lau Rolfo