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Nueva vida, licencia en el trabajo...

7 abr 2021

 



Estos días de licencia me han permitido conocer un extraordinario mundo nuevo, del que por momentos me quiero escapar. Sin embargo no lo estaría haciendo porque he notado que tiene sus ventajas, muy distintas de las que disponía cuando estaba en Tribunales.  Pero que miradas desde otra perspectiva contribuyen felizmente a las anécdotas del blog.

Ojo, los personajes están en todas partes, y hacen de las suyas en colegios, escuelas públicas y afines.

No les voy a mentir, por un tiempo trabajar como empleada me hizo ir olvidando quien era realmente, a punto tal que en un momento dado, solo era una persona que repartía, buscaba y ordenaba expedientes. 

Encima, según el día los Jueces me querían mucho o me odiaban con toda su alma. Desde que estoy en casa, si bien por momentos me preocupa que será de mi, soy absolutamente feliz, más aún si supiera con certeza que ya no voy a volver. No hay nada mejor y más sano  para uno que ser su propio jefe, cosa que tampoco es una tonteria, se corre mucho riesgo y siempre puede fallar, pero la idea sería volverme de golpe Elon Musk, en mujer. 

El día, venia medio mal barajado, un martes comparable a una jugada de truco en la que uno recibe un dos de copa, un tres de espada y un seis de bastos; cartas horribles si las hay. Por otro lado volviendo sobre mis pasos y como últimamente estoy  ágil para pensar, (especialmente desde que dejé de trabajar) me hago la reflexiva a lo Umberto Eco, y decido que de eso se trata la vida en general. Confesémoslo, no sería fascinante encontrar la picardía, para ganar la ronda con esas cartas ? Robarse un juego con eso, produce una satisfacción solo comparable con la de agarrarse una borrachera con un riquísimo vino, de esas que de pronto te llevan por las nubes inesperadamente y no te dejan resaca !!!!!. 

Y con lo dicho, se presentó un martes más prometedor más confiado en él, hasta que se encontró con mi hija mayor (lease 11 años)  con los ojos pegados, si ya se conjuntivitis !!!!!!!! como siempre de un día para el otro. Sin embargo uno hace la prueba, con alguna esperanza la manda a  lavarse la cara, para mal porque en limpio todo se ve peor, ojos rojos infectados como en sangre que lagrimea.

 Le aviso a Amelia que Agus se queda, me llevo a Caro. A mi desde ayer los pulmones están por salírseme de tanto toser, peino a Caro, en cinco estamos en el colegio. Regreso cierro el dormitorio de Agus, y corro a desmoronarme en la cama. Previo  llamo a Emergencias, enredada entre las sabanas, y caigo rendida de sueño otra vez como si la noche siguiera adelante. Me despierto de golpe, 8.49 hs. y tiro de mi, me llevo a la cocina preparo un café enorme, sigo tosiendo, busco drogas fuertes en una canastita llena de remedios para niños con algún antinflamatorio, pruebo el pan de banana que cociné el fin de semana, me preparo una bandejita y desayuno. 

Pruebo leer un libro nuevo de Muriel Spark que da para quedarse un rato, pero no, me agarra ansiedad, por qué vaya a saber uno quien caerá de Emergencias. Cuando llamé, lo hice  tranquila,  no tengo que hablar mucho, solo decir el numero de línea y ellos se saben hasta el color de las sabanas del cuarto, en un promedio de tres horas alguien va a venir, "que tenga un buen dia".

Levanto a la enana que parece pegada al colchón !!! abro ventanas, persianas y ella grita como si fuera un vampiro, con el sol dándole de lleno en la cara. Hoy la condena era recluidas en casa, pero  el día se salió con la suya, ganó la partida y nos regalo tres cuentos más el de una amiga, que me autorizó a publicarla y me hizo morir de risa, como si hubiera vuelto a tener 15 años otra vez. 

PRIMERO: La doctora,( yo esperando a un Dr. House sudaca (nunca)), la gorda de siempre (si, hoy dejó de ser la gordita), enfundada en las calzas -solo verla dan ganas de ponerse las manos en la cara como cuando manejamos y nos da de golpe un resplandor imposible de tolerar y tanteamos para bajar el parasol - aterriza en casa con una impaciencia o una perturbación que cubre con la cadencia de su manera de caminar y de hablar (un movimiento de cola parecido al de un rinoceronte cuando se esta yendo visto en Animal Kingdom), en una palabra todo la molesta, y  lo hace notar. Sube mira a la chica  (Agus) y habla despacio, o yo en otro dial veo que mueve los labios pero escucho pedazos, por ejemplo " dos bolsitas de té frio en los ojos", algo sobre unas gotitas, y vamos viendo, bueno la nena esta redormida ni hola me dijo, mejor bajamos y te hago la receta de las gotitas, así su paso fue fugaz pero lento, y yo pensando : si la escuchas con eso que usan ustedes  el estetoscopio ?, o si querés pruebo yo digo sino te jode, porque por ahí Agus se agarró una gripe. Le podemos preguntar también a Amelia que siempre sabe de todo,  si la tocas un poquito ? algo?.


 No, la gorda como subió las escaleras, las bajó, sin apuro pero presurosa, podría redimirla un poco pensando que en definitiva quién se esforzaría mas  para trabajar por  solo 5 pesos.  De pronto mientras escribe poco, lo necesario, me dice,"que raro que no tenes perros vos, yo tengo cuatro" y me los empieza a describir, mientras sonrío y contesto en automático, no tengo lugar por ahora no me da para cuidar perros, nenas, cobayo  e Iguana.


Acto seguido, me alaba la iguana (no sean chanchos de verdad  hablo del animal), pero me advierte que tenga cuidado que se va a comer al cobayo, desde arriba se escucha la voz de Agus que habla por primera vez y grita  :las iguanas son vegetarianas !!!!! ese por supuesto fue el final de la gorda, good bye, puerta bien cerrada.

Al rato cae una de las pocas valientes de la casa, la única que salió, la bebé, trae un libro en la mano-La lengua de Mariano- quiere que se lo lea, le digo después y mientras almorzamos nos trae el segundo cuento, y nos hace reir "mami sabes que teo nos  dijo que lo estan mandando a una maestra para aprender a no mentir ?"  Que bueno, y cual era el problema ?, contame una de sus mentiras a ver ? No me acuerdo mamá, pero por ejemplo el otro día me empujó, y como me caí y me dolió le dije a la señorita,  él le contestó que yo me había tropezado con algo y me caí sola. Pero enana que buchona (mal de mi parte tanto buchón suelto, ella que diga su verdad sino termina tonta como yo), además eso no es una mentira es una manera de defenderse en todo caso, yo pensaba en algo mas grande por ejemplo :veo gente muerta, converso todas las tardes con una nena que dibuja en mi cuarto como mataron a su familia colgaditos todos de un árbol, mentiras groseras, o verdades relativas como las que cuentan los chicos en películas de terror, ella también se reía.  Entonces se me hace agua la boca porque le pongo un flor de remate a su cuento : me pide que le corte la milanesa, yo rápida le contesto que que para eso también hay maestras.


 Me da la impresión, que  el cuento bien hecho se lo mandaron a Teo y en realidad la maestra es un psicólogo o como se usa hoy en día, un psicopedagogo.  El libro que Caro sacó de la biblioteca del colegio, y  trajo a casa resultó ser una sorpresa deliciosa. La verdad yo he leído cada tontería para chicos, que a veces me asombra que los publiquen, sin embargo  esta vez, me alzo en promotora de lectura para niños de 7 años, y les recomiendo a esta docente, que fue la única que dibujó en palabras con una certeza impecable la caricatura de lo que es un docente medio pelo. Demostró reconocer problemas de niños y adultos y además me hizo reír con nada y a las nenas también. Pruébenla que de verdad tiene experiencia y sentido del humor.

Ligera como su madre (pero no de cascos), Caro me pide que invite a su mejor amiga a jugar a la tarde. Accedo porque no tengo autoridad. Les preparo merienda, quieren ver "Harry Potter". Yo escribo sentada en la cocina y de pronto Carolina entra corriendo y empieza a tirar de las escobas, entonces me levanto enojada porque la conozco, seguro tiraron galletitas y pochoclo por todas partes y como en algún punto me teme, se que quiere arreglarlo sin mi ayuda, para que no me enoje. Para evitar líos, de nena luchando con escoba, la agarro y le pregunto que ensuciaron, me contesta que nada, y yo parada con mirada de Bruce Willis enardecido insisto. Viene Juana y me dice : "Ana queremos las escobas para jugar al quidditch", sonrío apasionadamente, no quiero volver a trabajar, estar con ellas es mucho más divertido. Por empezar nunca mienten, no tienen doble discurso, siguen lineal hasta la muerte cuando se les mete algo en la cabeza, me prestan osos para dormir, me hacen dibujos y dicen "Ah me olvidé de contarte que mi mama tiene un blog", sin tener idea de que se trata el asunto, pero les parece importante.  Solo con eso soy la persona más feliz del mundo. Me encanta estar con ellas.



Por fin, se termina el martes con mi mejor amiga  que me llama en el momento más oportuno para ella y menos oportuno para mi, pero que vamos a hacer siempre nos pasa lo mismo. Ese momento es posible  cuando vuela de tribunales y va a buscar a los chicos al colegio....Ella es naturalmente linda - casi tanto como yo -(licencia de escritor descarado y con actitud adolescente, que francamente no es ni lo uno ni lo otro).

 Me llama tratando de encontrar lugar para estacionar y vomitando el día. Uno de los que solía ser, idéntico a mis días en el trabajo, antes de la licencia. Una jornada en Tribunales, dedicada a madres abogadas después de los 40 :se le borró toda la agenda de audiencias del mes de octubre en un segundo. Apretó al descuido vaya a saber qué, salió de la secretaría se fue al baño y lloró, pero como es fuerte recobró el aliento y volvió a solucionar tremendo quilombo y  lo arregló. 

Extraño ese mundo, las mujeres de este lado, las del círculo de las nenas del colegio son como de otro planeta, pero de uno que todavía nadie descubrió. Sus preocupaciones, radican en donde dejar a los chicos y cuando será la próxima fiesta en la mansión de la brasilera. Saben cosas de mi, de lo más estúpidas que ni Snowden se molestaría en averiguar. Y ahí si se les nota, que no  podrían soportar exigencias desmesuradas de trabajo, y que tienen habilidades diferentes...Nunca serían como mi amiga, no pasarían jamás por algo así, que se les borre alguna sentencia de 20 hojas, o la agendita de la pobre MES.... para qué la inquietud nuestra el haber estudiado tanto...a mi me mata y marcelo se muere de risa.....pero esta bien lo de él, debo reconocer que los hombres para eso tienen más sentido común, práctico, del humor y hablan de fútbol.

 Como sea, aliviada de haber encontrado todas las audiencias, con el nuevo sistema en cada expediente, mi amiga me llama y termina de hacer de mi día, uno mejor !!!!! Les hago el cuento porque es el clásico de caperucita roja, se repite igual en mi sector, quiero decir en la jurisdicción del colegio de las nenas al que ahora debo concurrir asiduamente porque "puedo".

  Rubia (sin resentimiento porque yo soy negra pero me adoro y además exagero un poco), audi blanco mal estacionado, tirado en realidad, micro que no puede pasar....todos varados como cetáceos.... y mi amiga llamativa como es, ve un tipo mirarla sin sacarle los ojos de encima, cruzando a pie, tipo que se pega entero contra el micro solo por verla, carcajada de ambas !!! Bueno algún "as" tenemos guardado debajo de la manga, en el fondo somos dos brujitas que a la larga logran por un ratito salirse con la suya. Las villanas también tenemos corazón....aunque las hadas nos pasen de largo...

Y, ahora te tengo que dejar

29 mar 2021



 





Esas fueron mis palabras la última noche antes de que todo pasara. Hicieron de tu cuerpo cálido, perfumado, decidido, ligero, nido, y sosiego de madre, un escondite de roedores, lo ultrajaron con alambres adornados como si fueran tubos, sembraron vías ulcerando esa piel que por años cuidaste con el esmero de la mujer más coqueta y elegante que conocí. Te fueron cansando. Tu boca estaba seca, cuarteada. Te lastimaron, te quitaron los ojos, te sedaron para seguir colocando tubos. Te fueron apagando. Entonces aparecí, los asusté, -me acuerdo una vez que estando en un supermercado al que te acompañé, vos no entendiste algo, y preguntaste toda sonrisa y dulzura la misma cosa otra vez, y la mina de la caja te gritó, yo ya estaba casada, te toqué el brazo suavemente y me puse entre la cajera y vos, la miré con desprecio, y le dije que sino quería perder el laburo nos hiciera el favor, especialmente a ella misma, de contestarte como se debe hacer a una persona que es mayor y le está hablando bien, creo que se le cayó la bombacha a la tarada que de pronto te hablaba como si fueras una virgencita objeto de su devoción-bueno lo mismo hice en la terapia intensiva del maldito Otamendi Miroli, los médicos primero me prepotearon, solo una enfermera me dió su número, a cambio de algunas lecciones de Derecho, que justo estaba estudiando en la facultad de Morón, donde íbamos a dar clases con papa, y se comprometió a irme contando lo que realmente hacían cuando yo no estaba ahí.

 La única razón para temerle a los médicos especialmente a los de terapia, es toda la garra que ponen para matar a la gente, salir impunes consignando muerte por paro cardiorrespiratorio no traumático o ahora covid, entonces ante el aparente desconocimiento del tratamiento para esta nueva enfermedad, creen inocentemente que zafan de la responsabilidad, además de obtener más dinero de Obras Sociales y otros tongos que ni mi imaginación alcanza a recrear.

De todos modos, mamá no pude salvarte, y te mentí, porque no hacías otra cosa que sufrir, me alegro de haber estado con vos hasta el final, mi cara contra la tuya, mis brazos alrededor de tu cuerpo. Las noches que te leía trozos del libro que tenía entonces, la música que escuchaba de chiquita con vos y papa, cuando estaba todo bien. Recuerdo soles maravillosos, desayunos esperándome a la salida del Collegium Musicum. Las mañanas con Mercedes Sosa, o a María Elena Walsh cantando "Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos" o a Joan Baez, Serrat, Facundo Cabral y tantos otros...

Te acordás cuando me perdí por seguirte ?. Creo que tenía cuatro o cinco años, teníamos una empleada doméstica, vos ibas de compras a la mañana porque a partir de las dos de la tarde te ibas a la escribanía, yo estaba desayunando y mirando dibujitos animados. Me preguntaste si te acompañaba, te conteste con mis dudas que no, quería ver el final, aunque lo supiera de memoria. Apenas cerraste la puerta, terminaron y me quise ir con vos. No sabía atarme las zapatillas, así que me las puse y le pedí a la señora que estaba baldeando si me las ataba. Caminé hasta la puerta y salí. No te veía por ninguna parte, pero eso no me amedrentó empecé a hacer el camino para llegar a la calesita, cruzando la plaza, y después hasta las vías, a esa altura no te voy a mentir, tenía miedo, porque no estabas en ningún lado, crucé y se me acercó un policía. Le conté que quería hacer las compras con vos pero me había perdido. De ahí solo recuerdo que estaba instalada sobre la mesa de atención al público de la comisaría, muerta de risa con los policías que me hacían cosquillas hasta que llegó papa. Después me contaron, que movilizaron a todos los vecinos, que los ayudaron a buscarme y que solo a papa se le ocurrió seguir el camino que hacían conmigo los fines de semana, cruzó el también las vías del tren y se encontró con el mismo policía que le confirmó donde estaba.

O cuando estabas aprendiendo a manejar, y el abuelo me decía que me tirara al piso detrás de los asientos porque lejos de Penélope Glamour eras un peligro al volante, hasta que dejaste de hacerlo, te lo impidió el psiquiatra por la medicación que tomabas, y alivió a Amelia que me esperaba con el corazón en la boca en casa, cuando el abuelo la llamaba para avisarle que habías salido.

Te acordás del kiosco de Ana María, de los verduleros que estaban al lado, los hermanos, él se llamaba Héctor, no me acuerdo ella. Ahí cuando teníamos siete u ocho años nos mandabas con Cuchi o con el abuelo a hacer las compras. Y Héctor y el abuelo la cargaban a cuchi, que ya le iba mal en el colegio con que siempre le quedaba la posibilidad de ayudarlos a ellos en la verdulería. Después íbamos mucho a la feria de nogoyá te acordás. Al carnicero, que hasta a mi de chiquita me parecía buen mozo, y a lo de las hermanas que vendían quesos y jamones. De todos te hacías amiga y te querían.

También me acuerdo que estábamos las dos mucho con el abuelo, porque la abuela había fallecido primero, y él la había sobrevivido tiempo récord. Me venía a buscar  al colegio, de hecho me enseñó a manejar, era tachero, pero de los primeros muy respetuoso, y muy prudente, me repetía una y otra vez que la clave de todo eran los espejos.

También pasó lo malo, perdí la cuenta de las veces que el mantel desaparecía de la mesa, los platos volaban y los vasos se estrellaban contra el piso en miles de pedazos, los gritos, los primeros sustos de Amelia que a su vez se anticipaba en ocasiones cuando se te metía en la cabeza cocinarnos vos en ese estado, y nos querías obligar a comer algo que estaba crudo. No se como hacía Amelia, pero cuando me ponías el plato, y después te dirigías a Cuchi, ella sacaba el bife de cuadril del mío, lo ponía otra vez a cocinar y para cuando habías dejado el de Cuchi, ella ya tenía cocinado el mío y colocado de nuevo en el plato sin que te dieras cuenta.

En ese momento yo no entendía nada, sabía que era algo que te pasaba, incluso me avivé que ocurría con los cambios de estación. De grande me iba a enterar de que se trataba todo. Amelia, ya grandes las dos, cuando iba a ayudarme con Agustina, me confesó que papa le había explicado e incluso le había dicho que era su decisión quedarse o no, y que ella nos vio tan chiquitas que no tuvo corazón para dejarnos.

Después apareció Juan Carlos, del almacén, que venía en persona a traernos a casa todo lo que le encargabas para nuestra merienda. A veces extraño ese mundo de casa de pinos y tremendo jardín, lleno de libros y flores,  cuando todo estaba bien y vos te sentabas con Amelia a diagramar el menú de toda la semana, organizabas y llevabas la casa adelante, cuidabas al abuelo, a nosotras, y después tenías que cargar sola con Gladys la escribanía. Sin embargo la gente te quería mucho, y cuando te brotabas los primeros en avisarle a Amelia eran los verduleros, a veces Ana María la del kiosko...

Papa no quería al abuelo, decía que rompía mucho las pelotas y que para la época te había exigido estudiar y hacer un montón de cosas, que no era común que hicieran las otras chicas de tu edad, sin embargo, en ese sentido él no se quedaba atrás en sus exigencias, y sin culpa con sus amantes a cuestas, pero eso es cosa de ustedes, ya ajustarán cuentas donde sea que estén o se habrán perdonado todo porque María Laura esta con ustedes. Pienso que se merecen ese derroche de amor, bastante había que romperse el orto en la época que les tocó ser padres, no había tiempo para la frivolidad.

Siempre te adoré mama, a pesar de todo lo que no entendía, a vos y a tus papas mis abuelos. Siempre me quedará el desconsuelo de la vez que el abuelo ya solo, después de almorzar juntos, se quedaba en casa haciéndome compañía mientras yo estudiaba como un animal porque quería ser abanderada, y me disculpaba diciéndole que si quería volviera a su casa porque yo no le podía dar bola tenía que estudiar. Se negaba rotundamente y se iba cuando quería. Una tarde antes de irse me dijo que le dolía el brazo izquierdo, el nunca se quejaba de nada, me pareció raro, insistí para que se quedara hasta que volvieras. Era cabeza dura como vos y yo, al final se fue, pero yo me quedé medio preocupada. Vos lo llamabas todos los días, cuando lo hiciste al día siguiente no contestó, no vino a buscarme ni a almorzar. Te escuché llamar a papa. Después saliste corriendo. Creo que papa se encargó de todo, porque vos volviste enseguida, te acostaste y yo tenía el cumple de Ileana. Llorabas mucho y no se cómo lograste decirme que el abuelo había muerto, me acosté con vos hasta que te dormiste. El teléfono no dejaba de sonar, era Ile, "no voy a poder ir falleció mi abuelo" conteste llorando. Volvi a la cama y me acosté con vos hasta que yo también me dormí. Gracias por todo mama, por lo bueno y lo malo. Papa siempre que yo le gritaba que algo no era justo, no sabia como explicarme que la vida es así. Sé que más de lo que hicieron por nosotras no pudieron hacer. El también la paso mal y también le agradezco lo bueno y lo malo que me dejó. Ahora me toca a mi salir de mi papel de hija con la certeza de saber quien soy y que quiero. Es más "Que puedo" y así como ustedes, yo también me voy a ir a empezar mi vida de nuevo en otra parte. Nadie es perfecto, por eso el lápiz tiene borrador. Todos los días me interesa algo diferente y lo aprendo. Me falta envejecer con un hombre de buen corazón que me sepa querer y cuidar. Y por último, ustedes no lo saben pero siempre van a formar parte de mis instantes favoritos.


Las visitas, primera parte

5 mar 2021



 Son casi las siete de la tarde, normalmente llego a eso de las cinco. Ya me conocen, desecharon la actitud autoritaria más propia de algún nazi, que de quienes trabajan en un sanatorio. Eso si, tengo que fichar : sin fiebre y habitación señorita ?, esto último se lo agradezco al bozal que llevo puesto, levanto la tarjeta, anotan "Guerrero Luisa", habitación 122 de terapia intensiva. Sabe como llegar no ?. Si, si gracias, respondo con la seguridad de quien ya dio sus primeros pasos. Giro en redondo, a mitad de pasillo subo un escalinata, paso los ascensores, llego a la confitería-sala de espera.

A veces me toca él, extraño, bizarro, me desubica como personal de un lugar como ese. "Venis a ver a Luisa no ?", un leve cabeceo le responde. Espera, que llamo, pregunto si está todo tranquilo y podés pasar. En la confitería hay un teléfono de línea, en lugar de usar el de su anónimo escritorio, se va y de paso sigue hablando, su interlocutor ahora, es el cocinero. Empiezo a sacar el celu, llego siempre con poca batería. Apenas me siento, se me acerca y me dice "Proba vos llamar al interno 4058, a mi no me atiende nadie, ah, sabés que yo hacía de esas remeras, como la que tenes puesta, asi muy de los años 60´, dice que el me enseña la técnica de cuando era hippie ? (el tie-dye que rescató janis joplin ?), y claro que estoy usando algo parecido pero más comercial.


Entonces, en automático me recuerdo como secretaria privada, relatora de camarista pasando llamadas, buscando internos. En minutos me atienden, vuelvo a explicar, "Si pase señora, está todo bien".


Camino rápido, hay seis habitaciones, todas ocupadas, hay una especie de silencio pero con cierta sonoridad, como cuando el agua fluye. Entro, tiro la cartera y la campera de jean, hace frío acá, y de la nada se me ocurre pensar que todos los que están en ese lugar tienen una patita acá y otra allá, si es que hay un allá. Me siento, la miro, le tomo la mano y lloro un rato, siempre el mismo ritual. Al final me tranquilizo un poco, le paso crema, me saco el barbijo y pongo mi cara contra la de ella, le doy un beso o dos. Le hablo, la acaricio. Sigue inconciente desde la traqueotomía. Mi papá siempre decía que aferrarse a lo cotidiano en los malos momentos, es lo único que contiene las emociones. Entonces me acostumbro, a la serenata que en la habitación se ha transformado en una banda que solo toca percusión. Y suena el aparato que la ayuda a respirar, respirando literalmente, detrás se siente un agudo que proviene de una máquina con dos puntitos verdes que titilan, a eso lo acompañan los tubos que se extienden y vuelven a su lugar, es un sonido a plástico que se estira, y a continuación la cinta que los mantiene sujetos a ella como si fuera una lija.


Entró como una leona, y la veo apagarse, sino fuera por el respirador, la traqueotomía, y demás contingencias que sigue atravesando, me tomaría de la inconciencia que no tengo contenida y la devolvería a su casa. Es mi mamá, quiero que siga acá como siempre, escuchando e intentando apagar los incendios de mi vida desde que falleció mi papá. Ese es el otro tema, no quiero dejar de ser hija. A veces me da pavor una escara que se atreve a dejar que se vea un trocito de pierna en carne viva, ya no tiene tantos moretones, pero si miles de vías. Está absolutamente conectada "a la matrix", si como la de la trilogía de ciencia ficción donde Keanu Reeves -Neo- aliado a los insurgentes de turno intenta terminar con el poder que las máquinas tienen ahora sobre cuerpo y mente de los humanos. Pero intuyo que nuestro protagonista no puede hacer nada para que Smith, desista de infectar la matrix con virus.


Con lo coqueta que es, si llega a despertar con una traqueotomía de la que ni se enteró, "Depredador vs Alien" van a quedar así de chiquitos. Esta en un lugar copetudo, pero nunca fue como esas viejas pelo de cocker. La gente la adora, por su dulzura y corazón gigante. Entonces a veces le miento, le digo que abandone, que deje de esforzarse por ayudar a todos, que al final, no solo conoció a sus nietas y viajó a Disney, tuvo la yapa de recorrer los paises más lindos del mundo, vernos crecer a nosotras, y me salen más mentiras porque esta vez es mi mamá y no puedo imaginarme sin ella. Vuelvo a casa destrozada, no quiero dejar de hacer el papel de hija.  Tachen la generala doble y que los padres no se mueran nunca...



Todo cambia

22 feb 2021


 


Toda esta obsesión recrudeció cuando perdí los sillones y el resto de la planta baja de la casa, para consentir los caprichos de una bretona de profundos ojos claros. Entonces no sabía lo que sé ahora de mi. Dejo avanzar gente y animales, no defiendo mi castillo,  no ocupo mi lugar dentro de mi propia casa. Pague horas de psicóloga para enterarme por Lupe, la entrenadora de perros, a los 44 años, en la playa y por un amigo ex pizzero,  quien me enseñó que a veces es mejor no contestar rápido, también puedo decir "dejame pensarlo" o refunfuñar un "No", con algún adjetivo calificativo, ni siquiera debería molestarme en  un microrrelato explicativo sobre la razón de mi negativa. Es más, en la era del celular un whatsapp de dos palabras lo soluciona todo, es que la ligereza es tal que nadie leería o escucharía un audio de 10 minutos, de hecho, los libros son cada vez más finitos, por eso de que ya la tierra dominada por millennials demostró que ninguno de ellos estaría dispuesto ni siquiera de vacaciones, a desparramarse con un tarugo del pobre Sidney Sheldon (salvo algún que otro señor de avanzada edad).

 Antes de este sabiondo retiro espiritual aprendido por defecto, como dicen ahora (?) de feria de verano en el trabajo, me comporté como una desequilibrada. Empecé a comprar mecedoras compulsivamente, muy cálidas ( bien nórdicas), o demasiado modernas. Cambie de lugar, varias veces todo lo que quedaba de los muebles. Compré más libros que nunca. Una especie de puff de rattan que no pega con nada, un corazón de lana color lila, y finalmente toque fondo cuando se me empezó a caer la baba y se me dieron vuelta los ojos de codicia cuando entré a un negocio en MDQ, y vi una tabla vieja de lavar la ropa, transformada en un objeto único, con una intervención no menor a las de Milo Lockett en las sábanas de Arredo, como accesorio de cocina, con pajaritos llenos de color, un estante y mil ganchos para colgar repasadores (ojo Amelia me había dicho que necesitábamos algo para colgar repasadores y evitar que Margarita se los robara). Si, claro, la compre. Ah también me traje una reposera para tomar sol en el patio que construí con ayuda de mi hermana, y un juego de sábanas precioso ( porque Amelia - kalinda, insistía con lo de la falta de sabanas- desde que Marcelo se fue. Ella cree que el se llevo algunas).

Apenas atravesé, la puerta de casa, colgué desesperada la tabla con el estantecito y busqué repasadores de los más lindos, planté la reposera en el patio, hice mi cama con el juego de sábanas nuevo, y perfumé todo el lugar con una fragancia que adquirí en una conocida casa de ropa. Ahí nomás, me di cuenta, que el efecto, "droga alucinógena", pegaba fuerte, pero se iba rápido. Constaté que la tragedia volvía a su lugar en mi cuerpo. Y el lóbulo frontal arrancaba de nuevo para recordarme, que tengo una caldera rota, y quedé en comprarla ahora en el verano, con la idea de que sale más barata para tener calefacción en invierno. Tengo que pensar sobre el abono del garage debajo de plaza lavalle, no se si me conviene moverme todos los días al centro con la camioneta. Abaratar costos. Castrar a Margarita, pagar la operación, pagar el prequirúrgico por sus problemas de corazón a un grande de la cardiología perruna. Soñar con que Agus no tiene más epilepsia, ni un quiste de 4 cm en el ovario. Quiero decir, tapo con frivolidades cosas de verdad importantes.

Que todo eso es tan fácil de hacer como comprar la tabla de lavar ropa colgada en la pared de mi cocina, con la bolsa de pan sobre un extremo para que se vea bien la pintura de los pájaros de colores y lo último que escribió quien me la vendió, en el minúsculo pizarrón que hay en el centro : pan, huevos, harina y un corazón, igualito al que acaba de estremecérseme para confirmar que la frivolidad es demasiado fugaz como entretenimiento, no para todos, solo para mi.

Eso si, les conté lo de la reposera no ? Ahora estoy desparramada ahí leyendo un clásico de Ana María Shua : "Los amores de Laurita". Ya no me acuerdo de que les hablaba, pero ahora sé con toda exactitud que si leen la revista "Hola" y una pareja de años abre las puertas de su estancia en Córdoba es la previa a la separación...

Isabella un par de años atrás...

16 feb 2021


 


Isabella, siempre quiso llegar a ser esa que ven ahí, lo fue y feliz durante mucho tiempo. Sabía sin embargo, que solo la endulzaban los elogios de los hombres que la rodeaban, pero su trabajo, aquello para lo que había estudiado, eso que su padre amaba, no era lo que había esperado.

 Se divirtió durante un tiempo, tenía muchos amigos y ella siempre fue incondicional con sus amigos incluso con extraños. Le pasaba que hasta los turistas la detectaban en medio de una multitud para preguntarle calles o direcciones, justo a ella que llegaba de memoria a todas partes. Pero ya se había dado cuenta que en realidad se había transformado en un  clishé, que iba cumpliendo inconcientemente una convención social. Una burguesita moderna, que sin embargo amaba su vida tranquila y a su familia, solo eso.

 Al principio, tuvo un jefe encantador. Tenía 77 años y a diferencia de los otros Jueces, no tenía objeciones a la hora de los expedientes que le tocaba decidir. Solo que su tranquila vejez no entendía de tecnología y computadoras.  Escribía a mano sus sentencias, que después ella se encargaba de pasar con paciencia y muchísima admiración. Cuando llegó a la Sala tenía 10 hijos y durante el tiempo que estuvo con ella, llegó holgado a los 50 nietos. Isabella lo adoraba, no la avergonzaba ni preguntarle por ejemplo, cuando cumplió los 80, por temas como la muerte. Ojo, lo hizo una vez que él le contó que ya no le quedaban casi amigos, uno de los últimos había fallecido ese día.

 Sonrío e Isabella tomó el pase, y le preguntó si no le tenia miedo a la muerte. La respuesta fue menos de lo que ella esperaba. Pensó que le iba a dar la pócima para mantenerse apartada de ese susto, por muchísimo tiempo. El bajó la cabeza, la miró un rato y le dijo : "Cuando llegas a mi edad, creo que el ser humano tiene un mecanismo de defensa de lo más natural, y no solo deja de asustarte la idea sino que simplemente pensas menos en ella, por lo menos mucho menos que a tu edad" y se empezó a reír a carcajadas.

Todos los días se iba a almorzar a casa con su esposa, Lita, diez años más joven que él. Y los miércoles, se encontraban en un bar y después iban al cine.  Una vez la llamaron en stéreo porque se habían confundido, cada uno esperaba al otro en un bar distinto, por suerte se encontraron en el cine.

Su casa, era una enorme mansión en Vicente López cerca de la quinta presidencial. Más de una vez la había invitado junto con el resto de sus compañeros, uno entraba, y por dentro solo se respiraba una profunda calidez, los dos ancianos hacían todo con una empleada doméstica que tenía la misma edad que ellos. Eran los mejores anfitriones a la hora de recibir gente en su casa. Era el perfecto caballero, sabía como hacer sentir bien a los demás.

Ella soñaba ser como ellos, envejecer como ellos. Es cierto había una cuota enorme de idealización. Su costado humano la sorprendía y la alegraba, no había que darle nunca demasiadas explicaciones, aparentemente lo comprendía todo. Aprendió todo de él. Se llamaba Romeo, era alto y seguramente un seductor elegante cuando joven, todavía lo era.  Se notaba allá por detrás de sus ojos una chispa de picardía, claro que le gustaban las mujeres, como a todos y se percibía que no se había perdido nada del mundo femenino. Pero respetaba mucho a su mujer. De hecho cuando necesitaba algo llamaba Lita a casa de Isabella, después se lo pasaba a él-era un riguroso protocolo, no estaba bien que él llamara directamente a su secretaria-, era de otra época, el no le hablaba nunca directamente por teléfono. 

Uno de sus hijos, en aquel entonces venía mucho a verlo, tenía mas o menos la edad de Isabella 30 años tal vez. Pero no tenía para nada su impronta, era más bajo, se lo notaba nervioso, preocupado, vulnerable. Eso le llamaba mucho la atención. Una mañana le avisaron que estuviera atenta porque aquel chico, estaba en coma, había sufrido un ACV.  No sabía que hacer, hasta que el viejo roble, entre lágrimas apareció, y se derrumbó llorando en sus brazos. Era pesado,  Isabella logró sentarlo, la angustia lo sobrecogía de una manera que nunca había visto en un hombre, estaba absolutamente desconsolado, y se culpaba una y otra vez de no haberse dado cuenta de la presión que sufría su hijo en el trabajo. Ya tenía 82 años. Isabella insistió para que volviera a casa, él no quería, pensaba que en el trabajo con todos ellos iba a estar mejor.  De todos modos estaba cerca del hijo, porque a la clínica llegaba en dos paradas de subte.

El hijo sobrevivió, pero quedó de por vida sin la posibilidad de moverse con esposa y tres hijos chiquitos. Se fueron a vivir con él. Así que un día se le apareció temprano, le dijo a Isabella que trajera lápiz y papel, que iban a redactar su renuncia, y ella sin poder evitarlo empezó a llorar, el cuerpo le temblaba y sabía que ese no era el trámite. Se lo explicó, le habló, pero supo que no lo iba a convencer y lo perdió.  Nada volvió a ser igual.

Cuando su papa murió, mucho tiempo después, y todo lo malo que era posible que le pasara también ocurrió, Romeo llamó y desde el teléfono se aferró a él como si su propio padre hubiera regresado de entre los muertos. Él le hablaba despacio, y ella se estiraba para guardarse en la cabeza cada una de sus palabras, se sintió una dramática, como siempre, por el sollozo que no mermaba.

 El Doc, como le decía ella, le explicó que apenas podía caminar  y que lamentaba no poder estar presente en el velatorio. Se moría de tristeza pero conservaba dignidad con un respetuoso silencio del otro lado de la línea, que más podía hacer tenía, casi 87 años, le agradeció colgó, y pensó que se sentía la persona más sola del mundo.

Esa tarde tomó todos los "zepan" que se encontró, no tanto como para dar; "hija loca de conocido personaje público es ingresada a una clínica con sobredosis antes de hacer frente a su entierro". Simplemente un par de comprimidos para mantener  una obligada tranquilidad, tenía que recibir a tanta gente en ese velatorio. Solo su hermana y su mama, estaban realmente ahí se daban cuenta de lo que estaba pasando en sus narices.

 Entonces se abrió la puerta y Romeo apareció a buscar a su Julieta, con un bastón acompañado por la fiel Lita que lo sostenía por el hombro. Ella se acercó corriendo y lo sostuvo también, el le paso una mano por la mejilla y le acarició la cabeza como si fuera una nena. Se acercaron al cajón y le habló  a su papa como siempre, lo retó le dijo que no debía morir él, que tenía que respetar los galones, que eso le pasaba por llevarle siempre la contra...

Después de ese día, fue como si una sombra se hubiese extendido sobre ciudad gótica, Isabella ya no supo distinguir la humanidad en la gente, y empezó a perder dirección. Se enfermó, y se recluyó en su mundo.

 Por un tiempo estuvo bien, pero un incidente, llevó a otro y agotó paciencia y bondad sincera. Ella siempre supo como sacar lo mejor de la gente, concebía el error como puramente humano, agradecía que lo confesaran porque la idea era arreglarlo rápido. Eso hacia que la gente no mintiera y tuviera la inquietud de aprender no solo a ser más responsable sino a distinguir con facilidad la tontería de aquello que efectivamente era apremiante resolver. En general, todo lo que no se entendía muy bien era apartado para otro día, semana, mes. Como Isabella sabía eso intentaba que ante cualquier duda le preguntaran sin sentirse avergonzados. Esa era su manera de encarar el trabajo.

 Pero había otra grupo que confundía esa amabilidad con el clásico "no es posible llevarse bien con todo el mundo", "Isabella hace lobby con el personal a propósito", es "demasiado blanda" " No puede ser funcionaria", mezclado con "Isabella me ayudas a tomar audiencia vos que sos más tranquila ", "que vaya Isabella a calmar al abogado que ella sabe como hacerlo", " Isabella andá a hablar vos con las chicas de mesa que sos la única que las puede tranquilizar y explicarles lo que se espera de ellas".  Conocía cada una de las frases, las miradas, era un constante tira y afloje, ya estaba al borde de perder serenidad.

 Estas otras chicas, eran expertas en otra técnica para manipular descaradamente al personal, amedrentándolo. Pero fue la que se sintió y terminó con todo, le ganaron la partida. Era sencillísima, se ejecutaba inmediatamente, no se perdía tiempo ni paciencia con la gente consistía en distraer sus propias limitaciones, haciendo bardo en otras partes, en otras personas. Exponer a gente buena, frente a jefes sin escrúpulos, a feroces y estúpidos escarmientos, y morirse de risa estruéndosamente ante la humillación ajena. 

Ahí, consiguieron hacer saltar a Isabella, que era lo que habían estado buscando hacía tiempo, desbancarla. Ella cayó en la trampa, se puso todo el latex que encontró, y se transformó en una gatúbela feroz, que termino por amenazarlas en la cocina del trabajo  por una situación doméstica de lo más estúpida pero repetida hasta el hartazgo. Ya sin miedos, cansada de hablarles con la tolerancia y la misericordia de San Francisco de Asís,  de sus burlas permanentes sobre personal de ella que se destacaba solo por su docilidad. Ante la ausencia absoluta de autoridad por el temor de los Jueces al moving laboral, la dulce, amable y femenina Isabella, se transformó en un demonio feroz, y se escuchó decir asimisma " A mi no me levantes el tono, a partir de ahora quiero la cocina como si fuera la de tu propia casa", respuesta : "Yo hago lo que quiero acá y en mi casa, vos quien te crees que sos para mandarme, yo no obedezco ni a mi mama", "Soy la prosecretaria de la sala no tu mama, y esta vez no te voy a permitir que te portes como una colegiala irrespetuosa", la servil gordita se empezó a reír, y fue ahí que Isabella, saco el costado hombruno que llevaba dentro, la miró furiosa y le dijo "Y a vos sino te dejás de joder, te voy a cagar bien a trompadas". 

Pasaron un par de días, y la que quedó mal fue Isabella que inmediatamente pidió hablar con los Jefes. La secretaria- otro monstruo, oculto detrás de una máscara de corderito- no la dejó y le anticipó que ya lo había hecho ella, que no había nada de que preocuparse, que ellos sabían bien de este grupo de golpistas.

 Al día siguiente, la llamaron, primorosamente, le dijeron con esas sonrisas de azafata prometiendo que el avión no se va a caer, que la relevaban del personal, aunque le mantenían su cargo (cosa que no podían sacarle, pero ellos pensaban que si), eso fue lo último que recuerda.

 En ese preciso momento, dejo de pelear contra el sistema se sintió paralizada, viendo pasar su vida como una  vieja película muda en blanco y negro. Sintió la sal de las lágrimas surcarle las mejillas arrebatadas de calor, se le aflojaron las piernas. No volvió, la llamaron pero no volvió. Tiene una licencia con la recomendación de una psiquiátra para distanciarse de sus tareas habituales por un tiempo. No entiende nada, se volvió huraña. Ahora sentada en el jardín enorme de la casa de su papa, solo espera recuperar alegría  y su propia confianza nada más. Tal vez logre volver, mientras tanto, la salvan dos nenas que apenas superan el metro y medio, y todas las noches le dejan una osa para dormir y un dibujo debajo de la puerta de su dormitorio como este que se ve acá ...






Cuentos de Hadas suburbanas . Todos los derechos reservados. © /Desarrollo: Maira Gall / Ilustraciones: Lau Rolfo